martes, 14 de mayo de 2013

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Aries...

Esteban Perez

Aries es una constelación de un prestigio histórico indiscutible, está relacionado con una de las más bella leyendas míticas, hace veinte siglos, el Sol aparecía año a año desde las bajas zonas del hemisferio austral para volver a brillar y renovar las poblaciones de las primeras civilizaciones humanas. Aries estaba en el equinoccio de primavera, es decir, el modo ascendente de la eclíptica, que establecía el inicio de la primavera con las festivas ceremonias del antigüo sacrum. Por eso, se consideraba a Aries como la primera casa que ocupaba el Sol en su camino anual, y quizás por estas características suyas tan peculiares, los egipcios le consagraron el fabuloso Fénix, el legendario pájaro de alas doradas y rojas, al igual que el astro del día, resurgía perennemente de sus propias cenizas.
Los astrólogos temían a Aries por su temperamento violento y pasional para los nacidos en su signo y, lo que era más terrible, eras mensajero de crimenes y epidemias si aparecía en él algún cometa. Realmente lo que queda hoy es que ya no es prioritaria Aries como signo de las constelaciones zodiacales porque el desplazamiento  progresivo del punto equinoccial a lo largo de la eclíptica, a causa de la precesión del eje de la tierra, ha planteado que, en más de 20 siglos, los signos del zodíaco se desplacen más de 30º con respecto a las constelaciones correspondientes, ya que, en nuestra época, el equinoccio de primavera está situado en la constelación de Piscis y por lo tanto, el Sol llega un mes antes que a Aries. Tampoco nos queda el miedo que sabía inspirar en las almas simples y supersticiosas de nuestros antepasados, no domina una zona del cielo grande y envidiable, ya que los límites de Aries solo cubren 440 grados cuadrados del firmamento.
La estrella más brillante de Aries, a arietis de segunda magnitud tiene como nombre a Hamal o cabeza del carnero, es una estrella gigante que resalta más dentro del desierto celeste de la zona, parece ser que muchos templos de la antigüedad estaban orientados hacia ella, especialmente los dedicados a Zeus y a su hija divina Atenea.

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